Otra lectura coreana, también casual. Es un cómic en tres volúmenes, de los que saqué los dos primeros de la Biblioteca Regional de Murcia, y el tercero me lo compré hace unos días, para no esperar a conocer su final. Se compone de una sucesión de pequeños relatos, sencillos y exquisitos, a través de los cuales se conoce la relación y vivencias de una joven madre viuda y enamorada, y su hija, una niña que va creciendo hasta buscar y encontrar el amor.Historias donde las flores y la lluvia se usan metafóricamente para expresar el amor, el deseo, la espera... Cuentos cuya gran sensibilidad y la belleza del dibujo hacen recordar en algunos momentos el estilo Taniguchi, combinando la sencillez con el preciosismo, la sensibilidad y la sensualidad.
El relato, que puede disfrutarse únicamente como una historia de amor, es a la vez reflejo quizás de un modo de ver la vida del pasado preindustrial: Un mundo rural, agrícola, en el que se vive apegado al trabajo del campo y las estaciones, en el que las mujeres guardan la casa y esperan un matrimonio que casi siempre es resultado también de la determinación de la tierra.
Salir de este proceso natural y cíclico es una forma de buscar, de anhelar la libertad, que suele implicar el desplazamiento a las ciudades, la emigración, la industrialización, y con ello se vive un cambio de las formas de vida y el mundo, que aconteció durante el siglo XX.El cómic refleja ese mundo, que es el de la abuela del autor, sin juzgarlo, realzando sobre todo la fuerza y sensibilidad de las protagonistas, madre e hija, recreando la belleza de la naturaleza, la lucha y a la vez la aceptación de las cosas, la vida en la infancia, el descubrimento de la sexualidad y el ejercicio de la maternidad de las mujeres. Todo con mucho encanto y ternura.
Reseña de Ramen para dos






