sábado, 29 de octubre de 2016

Que no, que no me muero, de María Hernández Martí

Que no, que no me muero, de María Hernández Martí y Javi de Castro, está formado por una serie de historias breves en las que se recogen experiencias de la protagonista sobre el proceso de su enfermedad de cáncer de mama, y las reacciones de los que están alrededor. Están tratadas con bastante ironía y humor negro, para desdramatizar la forma en que son tratados y lo que viven quienes sufren esta enfermedad. Con ello consiguen un cómic tierno y divertido.

sábado, 15 de octubre de 2016

No te olvides de recordar, de Peter Kuper

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No te olvides de recordar, de Peter Kuper, es una estupenda obra autobiográfica, en el que el autor nos cuenta magistralmente el proceso de construir este cómic a lo largo de 13 años, a la vez que va recordando con mucha honestidad y franqueza sus años jóvenes, sus esfuerzos por lograr la iniciación sexual, sus preocupaciones, sus primeras relaciones amorosas, su paternidad, la percepción de los cambios vitales y otros muchos aspectos de su vida que también nos sitúan en la época.

jueves, 6 de octubre de 2016

Lamia, de Rayco Pulido

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Lamia, de Rayco Pulido, es un estupendo cómic negro, ambientado en la Barcelona de principios de los años cuarenta, y absolutamente recomendable.
La protagonista, guionista de un programa de consultario femenino de radio,  busca a su marido desaparecido mientras avanza en su embarazo. Pero en la ciudad está actuando un asesino de modo sangriento y cada capítulo de la historia nos deparará una sorpresa hasta ir cerrando un círculo en el que por una vez se hace justicia en una España machista y opresora de las mujeres.
Para más detalles, la estupenda crítica en RTVE

domingo, 2 de octubre de 2016

Las amapolas de Irak, de Brigitte Findakly y Lewis Trondheim

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Las amapolas de Irak, de Brigitte Findakly y Lewis Trondheim, es la historia de la autora, que nos cuenta su infancia y transición a la edad adulta en Irak, escrita y dibujada junto con su esposo.
Se remonta a cómo se conocieron su padre irakí y su madre francesa, para ir conociendo a través de su vida los cambios políticos y sociales sufridos por los irakies hasta hacerlos emigrar a Francia.
Se cuenta de modo tierno y sutil como esas amapolas que marchitan nada más cortarse, consiguiendo un relato sencillo, emocionante, sincero, que se lee con mucho interés, y que refleja tanto la nostalgia y melancolía por la pérdida de la infancia feliz como la radicalización irracional de su país hasta hacerlo inhabitable.
Sería quizás equiparable temáticamente a la historia de Marjene Satrapí en Persépolis, en su caso centrada en su vida en Irán hasta que tienen que ir a Alemania.