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miércoles, 27 de julio de 2016

Cuadernos japoneses, de Igort

Cuadernos japoneses, de Igort, subtitulado "Un viaje por el país de los signos" es un gran cómic que nos acerca a muchos aspectos de la cultura japonesa y en particular de sus ilustradores, a través de los dibujos y las reflexiones con las que el autor va escribiendo su diario. La admiración del autor por Japón le llevó a vivir y trabajar en este país y a ir descubriéndolo a través de la vida cotidiana y del contacto con figuras como Taniguchi, Miyazaki, Tezuka y otros muchos cuyas relaciones desfilan por las páginas del cuaderno.
Igort se impregna de la manera japonesa de ver el mundo y por momentos parece estar mimetizándose con los autores de los que habla, como Hokusai o Yoshiharu Tsuge, el genial creador de El hombre sin talento. Una obra maestra.

sábado, 21 de mayo de 2016

Hokusai, de Shotaro Ishinomori

Tenía mucho interés en encontrar un ejemplar de este cómic, publicado por una editorial desaparecida y agotado hace años. Y tuve la suerte de reencontrarme en Barcelona con una de esas tiendas de cómics, Arkham, en la que el librero es cómplice, y recordó que quizás a algún colega le hubieran devuelto algún ejemplar. Dicho y hecho, a las pocas horas tenía este ejemplar imposible gracias a la generosidad y competencia de Arkam comics, que ya hace tiempo me encontró una edición agotada de otro cómic de Jiro Taniguchi. Gracias!
Así que ahora rescato la reseña que hice hace unos años:
Hokusai, de Shotaro Ishinomori, es la biografía de este gran artista japonés cuyos noventa años de vida estuvieron entre fines de XVIII y la primera mitad del siglo XIX.
No lo conocía, salvo por la famosa gran ola de Kanagawa.
El cómic, dibujado con un estilo que recuerda el de Osamu Tezuka, intenta reflejar en sus casi 600 páginas la gran energía creativa y vital de este pintor, que cambiaba continuamente su nombre o incluso lo regalaba a algún discípulo, y al que se atribuye una influencia importante sobre los impresionistas franceses. Le gustó explorar estilos, experimentar con ellos y buscar el propio aún a costa de enfrentarse a sus maestros o al gusto de la época.
De vida complicada, en la que viajó para dejar miles de estampas y grabados de los paisajes japoneses, tuvo que superar vaivenes económicos y familiares,  y desgracias como el incendio y destrucción de su taller cuando ya era anciano, un "viejo loco por el arte". Me ha gustado leer este cómic sobre la vida de un pintor que comenzó trabajando prestando libros en una de las tiendas que para ello empezó a haber a Japón en la segunda mitad del siglo XVIII, para responder a la extensión de un ansia por la lectura de japoneses poco pudientes.