Moheeb es ya un adolescente y tiene el apoyo de una asociación solidaria que le da acogida, pasando los días con los amigos que van apareciendo, menores no acompañados como él, vecinos o vecinas que se acercan y ocasionalmente dialogan o ayudan.
En esa rutina están latentes los miedos, los recuerdos de la familia, los traumas vividos, y alguna esperanza, y el muchacho todo lo vive con una aparente tranquilidad o autocontrol a pesar de las muchas dificultades: el ocasional rechazo de algunos, el temor a la expulsión, la escasez de recursos, la añoranza de la madre y la familia, los prejuicios... Problemas que en el cómic no sepultan el deseo de vivir, la amistad o la solidaridad que se abren paso.
Es un cómic que trasmite un enorme humanismo en cada dibujo, y demuestra una vez más la capacidad del cómic para generar empatía
En una entrevista en Radio Televisión Española la autora cuenta cómo se inspiró en una experiencia casual de haber conocido y tratado a unos jóvenes afganos en esa situación de espera y abandono cuando ella misma era menor, y comprendió la dureza de su situación, de las relaciones que se emprenden en las que también las personas que tienen la buena voluntad de colaborar están condicionadas y proyectan sus propios problema. Lectura absolutamente recomendable.
















































