Inspirado en su esposa Maschka (María Meyerhofer), la obra de Mueller fue incluida en la exposición Entartete Kunst realizada en Múnich en 1937, con la que los nazis quisieron condenar el arte moderno que consideraban ajeno a la raza aria o influido por la cultura judía o socialista.
La historia de la pintura, que tras una vida azarosa fue devuelto a su legítima heredera Ruth Haller, se nos cuenta de una manera muy original, pues pone a los lectores en el punto de vista del cuadro desde su nacimiento con cada pincelada del pintor, y tiene un valor de memoria histórica y reivindicación de la cultura y de la libertad.
Una suerte que sobreviviera, y hoy pueda verse en el Museo Ludwig de Colonia.


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