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domingo, 8 de abril de 2018
Martha y Alan, de Emmanuel Guibert
En Martha y Alan, Emmanuel Guibert nos cuenta una relación afectiva de infancia de su protagonista. Alan Ingram Cope, el amigo entrañable de Guibert, le cuenta un recuerdo aparentemente trivial pero que se mantuvo muy vivo siempre en su memoria: una amistad infantil con una niña, Martha, compañera escolar de juegos y del coro de su parroquia. Cantar juntos, proteger de otro niño, trepar a los árboles y hacer de ellos un refugio particular... El cariño sentido por Alan sobrevivió al alejamiento que las circunstancias propiciaron durante la adolescencia y el cómic nos muestra la añoranza que se mantuvo durante los años y la correspondencia afectuosa que recuperaron Martha y Alan ya en la vejez. Una historia corriente pero muy emotiva para cualquier lector.
sábado, 30 de marzo de 2013
La infancia de Alan, según los recuerdos de Alan Ingram Cope, de Emmanuel Guibert
La infancia de Alan, según los recuerdos de Alan Ingram Cope, de Emmanuel Guibert, es una nueva reconstrucción dibujada de la vida de Alan, de quien el autor ya nos contó buena parte de su etapa adulta, sobre todo en torno a su participación como soldado en la Segunda Guerra Mundial.
Lo que nos transcribe Guibert son los recuerdos, más que intentar reconstruir la vida de una forma novelada. Lo hace casi como un historiador que estuviera trabajando con fuentes orales. Y a pesar de esa fidelidad casi documental, a través de la cual conocemos la época, el ambiente o la forma de vida, el cómic es enormemente cálido, entrañable.
Guibert conoció ya anciano a Alan, e igual que pasa cuando nos cuenta cómo en su juventud tuvo que venir a Europa como soldado, relata sus recuerdos con la aparente objetividad que proporciona el paso de los años, cuando se ha relativizado un poco la importancia de las cosas. Pero con ello también es capaz de mostrarnos la inocencia del niño con autenticidad: algunos miedos sobre la sexualidad, la muerte de la madre, la forma de ser de los abuelos y los recuerdos contados por éstos, las primeras vivencias recordadas, los cambios de casa, los primeros juegos infantiles... Y siempre opinando de todo con perspectiva, de un modo tranquilo. Sin dudas, uno de mis autores favoritos.
domingo, 11 de noviembre de 2012
Un viaje entre gitanos, de Guibert, Keler y Lemercier
Un viaje entre gitanos, de Guibert, Keler y Lemercier, es una magnífica obra. En ella, como hiciera en El fotógrafo, Guibert dibuja la historia integrando las fotografías y el guión, que en este caso son de Alain Keler. La obra tiene una gran calidad también gracias a la maquetación y el color dado por Lemercier.
Keler recoge en sus fotografías testimonios de diversos lugares europeos con asentamientos romaníes, recorridos por él durante diez años usando un viejo Skoda. El viaje se inicia en 1999, cuando el autor registraba el final de la guerra de Kosovo, acompañado de Didier Lefèvre, y empezó a conocer y a acompañar a los gitanos, perseguidos por albanokosovares, por neonazis en Chequia o arrinconados en chabolas y guetos de diversas ciudades europeas, muchas veces ilustres -desde Milán a París.
Observar y fotografiar la pobreza puede llegar a ser visto como una provocación si no se logra hacer con todo el respeto y una actitud humanista, no invasiva. El fotógrafo lo hace acompañado de una trabajadora social, un guía amigo, un mediador gitano... Su motivación no es miserabilista; es la voluntad de hacer patente el problema existente y contribuir a que se afronte.
Recientemente asistí a un debate en la Universidad de Murcia promovido por la Fundación Secretariado Gitano, dedicado a presentar "La estrategia española de integración del pueblo gitano, 2012-2020" (las videograbaciones de las charlas se pueden ver desde la tv.um), donde pudimos conocer la situación en España de esta comunidad. A pesar de ser mejor -al parecer- que en el resto de Europa, datos como los 8-9 años de menor esperanza de vida media que la población española, el altísimo nivel de paro que llega al 40% o la pequeña proporción de gitanos que llegan a terminar la educación secundaria, no pueden ser pasados por alto. Este cómic contribuye a la sensibilización sobre ello por su sinceridad y su realismo.
Keler recoge en sus fotografías testimonios de diversos lugares europeos con asentamientos romaníes, recorridos por él durante diez años usando un viejo Skoda. El viaje se inicia en 1999, cuando el autor registraba el final de la guerra de Kosovo, acompañado de Didier Lefèvre, y empezó a conocer y a acompañar a los gitanos, perseguidos por albanokosovares, por neonazis en Chequia o arrinconados en chabolas y guetos de diversas ciudades europeas, muchas veces ilustres -desde Milán a París.
Observar y fotografiar la pobreza puede llegar a ser visto como una provocación si no se logra hacer con todo el respeto y una actitud humanista, no invasiva. El fotógrafo lo hace acompañado de una trabajadora social, un guía amigo, un mediador gitano... Su motivación no es miserabilista; es la voluntad de hacer patente el problema existente y contribuir a que se afronte.
Recientemente asistí a un debate en la Universidad de Murcia promovido por la Fundación Secretariado Gitano, dedicado a presentar "La estrategia española de integración del pueblo gitano, 2012-2020" (las videograbaciones de las charlas se pueden ver desde la tv.um), donde pudimos conocer la situación en España de esta comunidad. A pesar de ser mejor -al parecer- que en el resto de Europa, datos como los 8-9 años de menor esperanza de vida media que la población española, el altísimo nivel de paro que llega al 40% o la pequeña proporción de gitanos que llegan a terminar la educación secundaria, no pueden ser pasados por alto. Este cómic contribuye a la sensibilización sobre ello por su sinceridad y su realismo.
viernes, 20 de febrero de 2009
El fotógrafo: cómic, fotografía, relato, documento con el estilo de E. Guibert
Me ha gustado mucho leer El fotógrafo, cómic en tres volúmenes que saqué de la Biblioteca Regional de Murcia.
En esta obra Guibert dibuja la historia de un fotógrafo, Didier Lefèvre, que acompañó por Afganistán a unos integrantes de Médicos Sin Fronteras.
La combinación de fotografías y dibujos está muy conseguida y da al relato mucha autenticidad, quizás gracias al trabaj de Frédéric Lemercier en la composición.
Nos cuenta una historia que refleja los sentimientos, dificultades y experiencias por ese país, sus paisajes y sus habitantes. La crudeza de la guerra a través de sus víctimas, que los médicos intentar recuperar con más sagacidad que medios.
El estilo Guibert, que ya me encantó en La Guerra de Alan, logra hacer cercanas y muy reales las vivencias, mostrando una aparente objetividad en la descripción. En cambio no logra emocionarme cuando trabaja con otros autores, en especial Sfar: No me dijeron gran cosa ni Las olivas negras ni La hija del profesor. Pero bueno, cada uno tiene sus gustos...
En esta obra Guibert dibuja la historia de un fotógrafo, Didier Lefèvre, que acompañó por Afganistán a unos integrantes de Médicos Sin Fronteras.
La combinación de fotografías y dibujos está muy conseguida y da al relato mucha autenticidad, quizás gracias al trabaj de Frédéric Lemercier en la composición.
Nos cuenta una historia que refleja los sentimientos, dificultades y experiencias por ese país, sus paisajes y sus habitantes. La crudeza de la guerra a través de sus víctimas, que los médicos intentar recuperar con más sagacidad que medios.
El estilo Guibert, que ya me encantó en La Guerra de Alan, logra hacer cercanas y muy reales las vivencias, mostrando una aparente objetividad en la descripción. En cambio no logra emocionarme cuando trabaja con otros autores, en especial Sfar: No me dijeron gran cosa ni Las olivas negras ni La hija del profesor. Pero bueno, cada uno tiene sus gustos...
miércoles, 4 de febrero de 2009
La guerra de Alan, de Emmanuel Guibert
Me ha gustado mucho. Tanto la vida que cuenta, la de Alan, como la forma de hacerlo. Se trata de dar la voz a alguien anónimo, cuya historia podría pensarse que no interesa a nadie, y que sin embargo tiene mucho que enseñarnos si tenemos la oportunidad de escucharlo. Al atenderlo, al dedicarle el tiempo que merece, somos los lectores los que nos humanizamos.
Alan contó esta historia a Guibert siendo ya mayor, con 69 años, y murió antes de verla publicada. Los tranquilos diálogos del dibujante con Alan le permiten hacer un recuento de su vida, recoger sus recuerdos, de una manera muy honesta consigo mismo, identificando sus fallos o aciertos, siendo muy contenido y respetuoso con las personas que cita. Se siente una persona corriente, pero que supo tener determinación para tomar decisiones, que intenta contar sin juzgarlas ni justificarse.
Guibert creo que intenta recoger con su estilo documental esa contención, el carácter descriptivo y sincero de este veterano combatiente, pero el conjunto resulta emocionante: nos presenta su vida tal cual la ve. Y nos hace admirar a esta persona tranquila, perseverante, que se pregunta por las cosas, que se adapta pero se esfuerza en recuperar su vida y su destino.
Mi apunte bibliotecario: Leyendo a Rimbaud en una pequeña biblioteca, Alan cae en la cuenta de que no ha vivido la vida que realmente quería, y comienza un ejercicio de memoria y escritura, que es el origen de este libro: "No he vivido la vida de la persona que soy. Había vivido la vida de la persona que querían que fuera, es diferente".
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