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sábado, 1 de agosto de 2009

La bicicleta roja, volumen 4

El último volumen de La bicicleta roja sigue la línea de relatos tiernos que reflejan la vida cotidiana en el mundo rural coreano, en este caso historias estructuradas según las cuatro estaciones del año, reflejando cómo los ciclos naturales en este medio condicionan las actividades, deseos, sentimientos y vivencias de la gente. Los colores, sensaciones, la luz o los sabores son reflejados por el dibujo maestro de Kim Dong-Hwa.

sábado, 25 de julio de 2009

La bicicleta roja, de Kim Dong Hwa

La bicicleta roja, de Kim Dong Hwa (Historias color tierra) es una nueva recreación del mundo rural coreano, a partir de las historias corrientes de la gente, vistas a través del cartero que a diario recorre y visita sus casas. Hay un enaltecimiento continuo de la naturaleza, sus colores, olores y ritmos, de la vivencia pausada del tiempo, de la convivencia armónica que se da en el campo entre los hombres y lo natural...
La bicicleta con la que hace el reparto el cartero y las cartas son expresiones de una forma de comunicación por la que se muestra quizás cierta nostalgia, frente a la instantaneidad de las redes y los móviles actuales, en los que quizás se pierde parte del mensaje, la espera, la escritura pausada...
En todo caso la obra tiene el encanto de lograr una expresión escrita y dibujada muy poética. He leido los dos primeros, y espero que la Biblioteca Regional tenga pronto los dos últimos.

jueves, 26 de marzo de 2009

Historias color tierra, Los pequeños cuentos de mi madre, de Kim Dong-Hwa

Otra lectura coreana, también casual. Es un cómic en tres volúmenes, de los que saqué los dos primeros de la Biblioteca Regional de Murcia, y el tercero me lo compré hace unos días, para no esperar a conocer su final. Se compone de una sucesión de pequeños relatos, sencillos y exquisitos, a través de los cuales se conoce la relación y vivencias de una joven madre viuda y enamorada, y su hija, una niña que va creciendo hasta buscar y encontrar el amor.

Historias donde las flores y la lluvia se usan metafóricamente para expresar el amor, el deseo, la espera... Cuentos cuya gran sensibilidad y la belleza del dibujo hacen recordar en algunos momentos el estilo Taniguchi, combinando la sencillez con el preciosismo, la sensibilidad y la sensualidad.

El relato, que puede disfrutarse únicamente como una historia de amor, es a la vez reflejo quizás de un modo de ver la vida del pasado preindustrial: Un mundo rural, agrícola, en el que se vive apegado al trabajo del campo y las estaciones, en el que las mujeres guardan la casa y esperan un matrimonio que casi siempre es resultado también de la determinación de la tierra. Salir de este proceso natural y cíclico es una forma de buscar, de anhelar la libertad, que suele implicar el desplazamiento a las ciudades, la emigración, la industrialización, y con ello se vive un cambio de las formas de vida y el mundo, que aconteció durante el siglo XX.

El cómic refleja ese mundo, que es el de la abuela del autor, sin juzgarlo, realzando sobre todo la fuerza y sensibilidad de las protagonistas, madre e hija, recreando la belleza de la naturaleza, la lucha y a la vez la aceptación de las cosas, la vida en la infancia, el descubrimento de la sexualidad y el ejercicio de la maternidad de las mujeres. Todo con mucho encanto y ternura.

Reseña de Ramen para dos